Mi experiencia como terapeuta del Masaje Californiano

marzo 7, 2013 8:54 · Publicado por · 8 Comentarios

Me quito los zapatos y calcetines, siento los pies en el suelo,  reconozco el espacio, enciendo la música, preparo la sala, camilla centrada, temperatura adecuada, sábanas bien puestas, silla,  toallas hechas rulos, enciendo el incienso, las velas, observo que tenga crema, el bote del aceite lleno. Observo todos los detalles de la sala y me paro, chequeo mi cuerpo,  cómo estoy, cómo me siento, noto las plantas de mis pies en contacto con la tierra, con un buen contacto, respiro. Mi meditación activa ha empezado.

Estoy preparada para recibir a la persona y entregarme al masaje.

Con la persona en la camilla, entro en quietud, escucho cómo respira, siento su movimiento en mis manos, y  ya des de ese preciso momento, su cuerpo habla y yo atiendo. Con movimientos sutiles, pequeños hamacados, un contacto dulce y seguro, empieza un diálogo entre cliente y yo.
Bien arraigada en el suelo, estando presente, me doy cuenta de muchas cosas, de si estoy bien centrada, de si la persona confía en mi, si respira, si lo hago yo,  si quiere controlar, cómo está su piel, siento sus tensiones y su temperatura.

Percibo como estoy yo con el cliente y con todo lo que  me pasa a mi en este espacio, lo que espera de mí. La importancia que tiene mi cuerpo y como acompaño a los movimientos, hasta donde me entrego en el dar. Así se crea un baile hermoso y respetuoso, que cesa a la hora y media. Un viaje que cada persona vive a su manera y  en concordancia con su momento vital.

Para mí el Masaje Californiano es un regalo, una experiencia gratificante ya que es un acompañamiento desde el cuerpo, un modo diferente de comunicación y crecimiento, una conciencia corporal que va más allá de las palabras.
Es un sentir, a menudo des de lugares donde rige el inconsciente, donde recuerdos del pasado más remoto emergen cómo flores para tenerlos en cuenta….en definitiva, un paso más al autoconocimiento, a un darse cuenta, a un aquí y ahora que no nos   deja impasibles.

Marta Sanglas

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